En los despachos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) y la Dirección General de Derechos de los Animales (DGDA), dependiente del Ministerio de Derechos Sociales, reposan dos borradores de Real Decreto que regulan, cada uno a su manera, el mismo animal. Ninguno de los dos lo protege del todo. Entre los márgenes de ambos textos viven miles de perros cuya existencia oficial depende de en qué categoría administrativa decida encajarlos quien redactó la norma.
"Lo que estamos viendo es una fragmentación normativa que convierte a los perros de caza en seres invisibles para el Estado. No son animales de compañía según el MAPA, pero tampoco reciben las garantías que sí tiene un perro que viva en un hogar o centro de acogida. Están en tierra de nadie", expresa Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España.
AnimaNaturalis ha presentado alegaciones formales a ambos borradores, documentando con precisión jurídica los puntos donde la protección se rompe. El análisis revela tres áreas críticas de riesgo que, de no corregirse, podrían quedar blindadas por ley.
El umbral de los diez
El primer fallo es aritmético, pero sus consecuencias son estructurales. El borrador del MAPA excluye de su ámbito de aplicación todas las instalaciones que alberguen perros utilizados en actividades cinegéticas cuando su número no supere los diez individuos. Según la alegación presentada por AnimaNaturalis, esta cifra carece de justificación técnica explícita y abre la puerta a lo que la organización denomina «fragmentación artificial»: dividir instalaciones más grandes en unidades de menos de diez perros para eludir el registro administrativo.
El texto, además, no aclara qué régimen jurídico se aplica a estas instalaciones una vez excluidas. En la práctica, según el análisis comparativo elaborado por la organización, esto significa que una perrera con nueve perros de caza puede operar sin registro, sin controles sanitarios específicos y sin ninguna obligación de informar sobre las condiciones en que viven esos individuos.
La actividad cinegética en España es de una escala considerable. Según datos aportados por AnimaNaturalis, los riesgos de abandono, comercio irregular y ausencia de trazabilidad en los perros de caza están ampliamente documentados. El abandono masivo de perros de caza al final de la temporada es uno de los problemas de bienestar animal más persistentes del país, y el borrador del MAPA, tal como está redactado, no ofrece ningún instrumento para revertirlo.
Dos estándares para la misma especie
El segundo problema es cualitativo. Mientras el borrador de la DGDA exige planes de emergencia, formación específica del personal y condiciones de enriquecimiento ambiental acordes con el reconocimiento de los animales como seres sintientes, el texto del MAPA adopta un enfoque "esencialmente sanitario" orientado a la bioseguridad y la prevención de enfermedades transmisibles a la cabaña ganadera.
Esta diferencia no es cosmética. Significa que un perro de compañía en un centro de adopción tiene garantizado un nivel de bienestar que un perro de rehala en un núcleo tradicional no alcanza. Ambos pertenecen a la misma especie, tienen la misma capacidad de sufrimiento, pero la norma los trata con varas de medir radicalmente distintas.
El borrador del MAPA introduce la categoría de "animal auxiliar de caza", que engloba perros de caza, perros de rehala, hurones, aves de cetrería y reclamos vivos. Sin embargo, como señala la alegación de AnimaNaturalis al artículo 2.2.e, esta categoría no va acompañada de ningún régimen específico de condiciones de bienestar, alojamiento o manejo. La mención existe, pero la protección, no.
"Nombrar a los perros de caza en un decreto sin regular sus condiciones de vida es una operación de maquillaje legal. Lo que necesitan no es una categoría administrativa, sino requisitos concretos: espacio, atención veterinaria individualizada, control del número de animales por instalación", señala Gascón.
Sin nombre ni número
El tercer riesgo afecta a la posibilidad misma de saber qué ocurre con estos individuos. El artículo 12.4 del borrador del MAPA propone vincular los perros de caza a la licencia de caza de su titular como mecanismo de identificación. AnimaNaturalis denuncia que este sistema es insuficiente por tres razones concretas: no establece mecanismos de control sobre el número de animales asociados a una licencia, no crea un registro específico de perros utilizados en caza y no prevé ninguna obligación de comunicar bajas, muertes o cesiones.
En términos prácticos, esto significa que un perro puede desaparecer del sistema sin que ninguna administración esté obligada a preguntarse dónde fue. Puede haber sido abandonado, cedido ilegalmente o sacrificado, y la trazabilidad propuesta no ofrece ningún mecanismo para detectarlo.
El análisis comparativo que hemos realizado es categórico: sin un registro específico y estricto, el abandono y el comercio irregular de perros de caza no solo son posibles, sino difícilmente prevenibles bajo este marco normativo.
La trampa de la cría doméstica
El borrador de la DGDA presenta, por su parte, un problema diferente pero igualmente grave. Las alegaciones de AnimaNaturalis al texto del Ministerio de Derechos Sociales identifican una anomalía en el artículo 3.3.f: la creación de la categoría "domicilio para cría" de perros, gatos o hurones, que permitiría la cría de animales de compañía en viviendas particulares sin exigir autorización previa.
Según la organización, esto contradice directamente los objetivos de la Ley 7/2023, que buscaba profesionalizar la cría, garantizar la trazabilidad y evitar la reproducción incontrolada. La posibilidad de iniciar actividades de cría mediante simple declaración responsable —sin control previo, con inicio inmediato de la actividad— abre la puerta al comercio irregular y a la intermediación no registrada.
Además, el texto solo establece límites numéricos para la cría de hurones (máximo cinco hembras reproductoras, dos camadas al año), sin fijar equivalentes para perros ni gatos. El resultado, como señala la alegación al artículo 3.3.f.3, es un vacío normativo que permite la multiplicación de animales en domicilios particulares sin ningún tope legal.
Lo que debe cambiar
Las alegaciones presentadas por AnimaNaturalis no se limitan al diagnóstico. Cada punto de crítica va acompañado de una solicitud concreta. En el caso del MAPA, la organización pide revisar o eliminar la exclusión de instalaciones con menos de diez individuos, y que se establezcan mecanismos de registro y control para todos los perros utilizados en actividades cinegéticas con independencia de su número. También solicita que el texto incorpore requisitos específicos para establecimientos que alberguen animales auxiliares de caza: condiciones mínimas de alojamiento, manejo y control veterinario.
Para el borrador de la DGDA, las propuestas son igualmente precisas: eliminar la categoría de «domicilio para cría», mantener la actividad de cría exclusivamente en centros autorizados, y exigir autorización administrativa previa para cualquier actividad que implique reproducción de animales.
Existen precedentes internacionales que demuestran que este tipo de regulación es viable. Países del entorno europeo con marcos de protección animal más avanzados han implementado registros individualizados de animales de caza, controles periódicos de bienestar y sistemas de trazabilidad que han reducido significativamente el abandono estacional. La tecnología y el conocimiento existen. Lo que falta, según la organización, es voluntad política para aplicarlos.
Los perros no pueden esperar más
En alguna perrera española, mientras este artículo circula, hay perros que viven al margen de cualquier control, sin nombre en ningún registro, sin veterinario responsable de su bienestar individual, sin que nadie deba responder por lo que les ocurra. Son los mismos perros que cada temporada aparecen abandonados en carreteras y montes cuando ya no resultan útiles para quien los tuvo.
Puedes cambiar eso. La tramitación de estos Reales Decretos está abierta, y la presión ciudadana sobre los ministerios implicados tiene un impacto real en el resultado final de las normas. Comparte este artículo, exige a tus representantes políticos que el bienestar de los perros de caza no quede subordinado a los intereses cinegéticos, y firma las campañas de AnimaNaturalis que reclaman una regulación coherente, completa y sin vacíos.
"Cada firma, cada mensaje, cada persona que decide informarse y actuar es una voz más que los legisladores no pueden ignorar. Los perros de caza no tienen representación en los despachos donde se redactan estos decretos. Nosotros sí podemos dársela", añade Gascón.
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