La cabalgata de los Tres Tombs enfrenta su mayor crisis ética de los últimos tiempos

La muerte de caballos, el rechazo social creciente y la cancelación de desfiles en ciudades catalanas exponen la fragilidad de una celebración que arrastra animales por el asfalto en nombre del patrimonio cultural. ¿Hasta cuándo seguiremos justificando el sufrimiento con la excusa de "siempre se ha hecho así"?

23 enero 2026
Abrera, España.

El 17 de enero de 2025, a las 11:11 de la mañana, Santo —un caballo que arrastraba el carro con la imagen de Sant Antoni Abad— se desplomó en plena calle Parlament de Barcelona. Testigos relataron que el animal mostraba signos de inquietud antes de colapsar sobre el asfalto. Intentaron reanimarlo con agua. Veterinarios de la Generalitat llegaron minutos después, pero ya era tarde. La autopsia determinó un infarto fulminante, provocado por el estrés extremo de caminar durante horas por calles abarrotadas, rodeado de ruido, multitudes y exigido hasta el límite de su resistencia física. No fue un accidente. Fue el resultado predecible de someter a un individuo sintiente a condiciones que su cuerpo y su mente no podían soportar.

Santo no es el primer caballo en morir durante los Tres Tombs. En 2017, otro equino perdió la vida en la misma festividad. Tampoco será el último si las instituciones continúan permitiendo que esta tradición se celebre sin transformaciones radicales. Porque lo que ocurre cada enero en decenas de municipios catalanes no es un homenaje a los animales, sino su instrumentalización sistemática bajo el disfraz de patrimonio cultural.

Los Tres Tombs son desfiles que se celebran alrededor del 17 de enero en honor a Sant Antoni Abad, supuesto patrón de los animales. La ironía es brutal: una fiesta que pretende bendecir a quienes convierte en objetos de espectáculo. Carruajes cargados de peso, caballos obligados a caminar sobre pavimento duro durante kilómetros, burros y mulas arrastrados por calles urbanizadas mientras el público aplaude ignorando el sufrimiento invisible. Movimientos nerviosos constantes, balanceo de cabeza, salivación excesiva, estereotipias evidentes: señales claras de malestar que año tras año son ignoradas en nombre de la tradición.

Un pasado que no justifica el presente

El origen de los Tres Tombs se documenta desde 1825 en Barcelona, cuando carros tirados por caballos daban tres vueltas alrededor del portal de Sant Antoni Abad. En aquel contexto preindustrial, los caballos, burros y mulas eran indispensables para el transporte de mercancías. Los traginers —arrieros que conformaban un gremio fundamental en la economía catalana— solicitaban protección divina para sus animales cada 17 de enero. El primer tomb pedía protección para los animales, el segundo una buena cosecha, y el tercero salud para las personas.

La historia puede explicar el origen, pero no puede validar la continuidad. Porque el contexto ha cambiado radicalmente. Con la mecanización del transporte, la tradición perdió su función económica original, pero se mantuvo como espectáculo cultural. Hoy, los Tres Tombs no son una necesidad: son un entretenimiento que se financia con dinero público y que somete a individuos sintientes a estrés, dolor y riesgo de muerte.

"No es normal que un équido joven muera así. Estos animales son sometidos a entornos urbanos caóticos, ruidos y multitudes que les generan ansiedad extrema", expresa Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España. En 2017, otro caballo murió durante la misma festividad en Barcelona, y en ediciones previas se han reportado episodios de agotamiento y lesiones. No son accidentes aislados. Son consecuencias sistemáticas de una práctica que prioriza el espectáculo sobre la vida.

La tradición como excusa, el sufrimiento como norma

En España, la Ley de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales de 2023 prohíbe utilizar animales en espectáculos que les causen angustia, dolor o sufrimiento. Sin embargo, existe una doble moral evidente: mientras se prohibieron los circos con fauna silvestre, tradiciones como los Tres Tombs, los correbous o los encierros siguen amparadas bajo la excepcionalidad cultural. La legislación europea sitúa por encima del bienestar animal el respeto a las tradiciones culturales y el patrimonio regional, lo cual en la práctica vacía de fuerza la protección.

"Es inaceptable que en pleno 2025 se sigan usando animales como reclamo turístico. Las tradiciones deben evolucionar o desaparecer", sostiene Gascón. La directora de AnimaNaturalis añade: "El progreso no está en negar el pasado, sino en construir un futuro donde cultura y compasión vayan de la mano. Los animales no son patrimonio: son seres sintientes que merecen protección".

Pero las instituciones siguen sin escuchar. En 2026, ante la presión animalista creciente y la falta de relevo generacional, varios municipios catalanes se han visto obligados a suspender los Tres Tombs, aunque no por convicción ética, sino por pragmatismo. Terrassa canceló su edición 2026 tras constatar la ausencia de recursos humanos y económicos. El presidente de la Asociación Amics dels Tres Tombs de Terrassa, Joaquim Riera, reconoció que llevan 25 años sin encontrar relevo generacional. Mataró acumula ya cuatro años consecutivos sin celebrar el desfile, aunque mantiene la bendición de animales de compañía. Lleida suspendió su edición 2026 por lluvia, pero la climatología solo fue la excusa visible: el trasfondo es el rechazo social y la dificultad logística de mantener viva una práctica cada vez más cuestionada.

Y Barcelona también se rinde ante la evidencia climática. El 24 de enero de 2026, la Cabalgata de los Tres Tombs de Barcelona programada para celebrar el cierre del bicentenario fue aplazada por previsión de lluvia. Las autoridades municipales alegaron proteger el bienestar de los animales. Pero la pregunta es incómoda: si la lluvia pone en riesgo su salud, ¿qué dice eso sobre el riesgo que implica la propia celebración en condiciones normales?

La Federación Catalana de los Tres Tombs presentó un calendario 2026 con más de 80 desfiles programados entre enero y octubre. Municipios como Igualada, Manresa, Vic, Reus, Valls, Granollers o Vilanova i la Geltrú mantienen vivas sus celebraciones. Pero el panorama es engañoso: muchas localidades reducen participantes, acortan recorridos o buscan desesperadamente voluntarios para sostener una tradición que se desmorona.

Señales invisibles de sufrimiento visible

"Hablamos de estrés acumulado. Muchos de estos caballos son trasladados desde zonas rurales hasta la ciudad, encerrados en remolques, desorientados por el ruido… Es una tortura silenciosa", denuncia Gascón. Durante los Tres Tombs de Terrassa en 2025, activistas documentaron patadas de jinetes a caballos, equinos con espuma y sangre en la boca, y comportamientos evidentes de malestar.

Las señales están ahí para quien quiera verlas. Movimientos nerviosos constantes. Balanceo de cabeza de un lado a otro. Salivación excesiva. Sacudidas repetitivas. Son estereotipias —comportamientos anormales que evidencian estrés extremo— que los expertos en bienestar animal reconocen inmediatamente. Pero que el público general ignora mientras aplaude el paso de los carruajes.

Las administraciones siguen sin regular condiciones básicas como límites de peso en los carruajes, descansos obligatorios o revisiones veterinarias rigurosas. Los protocolos existentes son insuficientes. En Terrassa, por ejemplo, se implementó un control de alcoholemia para participantes y se dotó de más veterinarios al evento. Medidas cosméticas que no abordan el problema central: los animales no deberían estar ahí.

Cada año, la oposición se hace más visible. En Terrassa, cerca de 40 activistas de Barcelona y Vallès Animal Save protestaron silenciosamente durante el desfile de 2025. En Molins de Rei, la confrontación con colectivos animalistas llegó a tal punto que la organización suspendió temporalmente la fiesta, aunque finalmente cedió ante la presión de defensores de la tradición. En ciudades como Barcelona, las pancartas y los abucheos acompañan sistemáticamente el paso de los carruajes.

En Terrassa, Noel Duque, regidor de Bienestar Animal, propone transformar radicalmente la celebración: trasladarla a la Anella Verda de la ciudad, eliminar elementos de castigo, cargas y jinetes, permitir que los caballos paseen libremente, e integrar santuarios y entidades animalistas. Propone incluso una desfilada de animales en adopción. Su visión es clara: convertir los Tres Tombs en una festividad animalista auténtica, no en un espectáculo que instrumentaliza a quienes pretende honrar.

Alternativas existen, voluntad política no

Las propuestas para transformar esta tradición no son utópicas. Son concretas, viables y respetuosas tanto con la memoria histórica como con los derechos de los animales:

  • Carruajes simbólicos vacíos. Mantener el desfile de carros históricos, pero sin animales que los arrastren. El patrimonio material se preserva, la memoria se honra, el sufrimiento se elimina.
  • Representaciones teatrales y recreaciones históricas con actores. Contar la historia de los traginers a través de performance, instalaciones artísticas o exposiciones educativas que contextualicen el pasado sin reproducir la explotación.
  • Celebraciones centradas en la adopción y el rescate. Convertir la fecha en un evento de visibilización de santuarios, refugios y programas de adopción responsable de animales de compañía.
  • Festivales culturales sin animales. Mantener los foguerones, las comidas populares, la música tradicional y los elementos festivos que no implican el uso de individuos sintientes.

Pero estas alternativas chocan contra un muro institucional. Ayuntamientos que temen perder votos. Federaciones que defienden el "patrimonio inmaterial". Organizadores que repiten el mantra de "siempre se ha hecho así" como si la antigüedad de una práctica la hiciera incuestionable.

En Terrassa, el teniente de alcalde Joan Salvador fue rotundo al afirmar que el Ayuntamiento no considera idóneo organizar directamente los Tres Tombs. Su argumento: la polémica animalista hace que sea mejor "mantener la neutralidad". Neutralidad que, en la práctica, significa abandonar a su suerte una tradición agónica mientras se lavan las manos ante el debate ético.

El momento de decidir: patrimonio o compasión

La muerte de Santo no es solo un "accidente". Es el síntoma de un sistema que normaliza el uso de animales como herramientas de entretenimiento. Mientras las administraciones sigan premiando festejos que los ponen en riesgo, estaremos fallando como sociedad.

"Sant Antoni es el patrón de los animales, pero esta fiesta los convierte en objetos. No hay espiritualidad en someterlos a sufrimiento", afirma Gascón. La hipocresía es evidente: bendecir animales en un acto donde se los explota. Pedir protección divina para quienes se instrumentalizan en nombre de la tradición.

Desde AnimaNaturalis, exigimos a las instituciones medidas concretas e inmediatas:

  • Prohibir la participación de animales en eventos con aglomeraciones, ruido excesivo o condiciones lesivas. La ley ya lo contempla para espectáculos que causan sufrimiento. Los Tres Tombs no son una excepción.
  • Promover alternativas éticas como carruajes simbólicos vacíos o representaciones teatrales. El patrimonio cultural no exige víctimas. La creatividad humana puede honrar el pasado sin reproducir la explotación.
  • Sancionar a organizadores que incumplan protocolos de bienestar animal. Las multas deben ser disuasorias, no simbólicas. La responsabilidad penal debe recaer sobre quienes ponen en riesgo vidas.
  • Destinar recursos públicos a campañas educativas sobre sintiencia animal. La sociedad debe entender que los caballos, burros y mulas no son objetos decorativos. Son individuos con capacidad de sufrimiento, miedo y angustia.

El cambio no vendrá desde arriba si no lo exigimos desde abajo. Necesitamos una ciudadanía informada, movilizada y dispuesta a cuestionar lo incuestionable. La tradición no puede ser una excusa para perpetuar el sufrimiento.

Únete a la Red de Voluntariado de AnimaNaturalis. Forma parte de la campaña que prepararemos para exigir la prohibición del uso de animales en tradiciones y espectáculos. Tu participación puede marcar la diferencia entre la continuidad de la explotación y el inicio de un cambio real.

Exige a tus representantes políticos que legislen con compasión. Contacta a concejales, regidores, diputados. Pregúntales por qué priorizan el turismo sobre la vida. Recuérdales que las tradiciones evolucionan o desaparecen.

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La muerte de Santo debería ser la última. Pero solo será la última si actuamos. Si exigimos. Si no aceptamos que el sufrimiento se justifique con palabras bonitas sobre patrimonio y tradición.

Los animales no son objetos de los que podemos disponer a voluntad. Son seres sintientes que merecen protección. Y ese futuro más justo empieza hoy, con tu decisión de no permanecer indiferente.

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