La EFSA confirma el sufrimiento sistemático de los pavos en granjas de la UE

Un informe de 300 páginas de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria concluye que los sistemas actuales de confinamiento fallan en cubrir las necesidades básicas de más de 240 millones de pavos al año. ¿Cómo es posible que en 2026 estos animales sigan sin ninguna ley europea que los proteja de manera específica?

19 febrero 2026
Madrid, España.

El 3 de febrero de 2026, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicó su primera opinión científica sobre el bienestar de los pavos en granja, un documento de 300 páginas solicitado por la Comisión Europea y basado en la revisión de literatura científica acumulada desde 1954 hasta 2025. Las conclusiones son demoledoras: los sistemas de producción actuales no satisfacen las necesidades conductuales ni fisiológicas de estos animales, y son necesarias reformas sustanciales para evitar sufrimiento evitable.

«Este informe de la EFSA no hace sino confirmar lo que llevamos años denunciando desde AnimaNaturalis: los pavos son una de las especies más ignoradas por la legislación europea, y el precio de ese olvido lo pagan ellos con dolor crónico y una existencia de privación total», afirma Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España.

Más de 240 millones de pavos son criados en la UE cada año. Solo en España, en 2020 se censaban 13,7 millones de animales en cerca de 1.880 granjas, un 200% más que en 2008, según datos del Ministerio de Agricultura. El 90% de la producción europea se concentra en apenas cinco países: Alemania, Polonia, Francia, Italia y España. Estos animales, que en libertad pueden vivir hasta 15 años, en las granjas intensivas son llevados al matadero con apenas 13 semanas de vida en el caso de las hembras y 22 en el de los machos.

Diecinueve formas documentadas de sufrir

El panel científico de la EFSA identificó 19 consecuencias negativas para el bienestar de los pavos en granja, evaluando factores como la calidad de la cama, el enriquecimiento ambiental, el acceso al exterior, el espacio disponible, la calidad del aire, la temperatura, la iluminación y las condiciones en los criaderos. Los resultados revelan un patrón de privación estructural que afecta a todos los animales con independencia de la granja.

Entre los problemas más graves destaca la cama excesivamente húmeda. Los pavos pasan toda su vida sobre el mismo suelo donde se acumulan sus propios excrementos. El contacto constante con esta superficie produce dermatitis plantar severa, lesiones en tejidos blandos y enfermedades respiratorias crónicas. La alta concentración de amoniaco, bacterias y hongos convierte el aire que respiran en un foco permanente de infección, algo que AnimaNaturalis también documentó en sus investigaciones encubiertas en granjas españolas, donde encontró animales moribundos, con malformaciones óseas e incapaces de caminar.

La falta de espacio es otro eje central del informe. La EFSA desarrolló un modelo específico para calcular el espacio mínimo necesario para que un pavo pueda realizar comportamientos naturales: al menos 0,49 m² para aves de 7 kg y 0,82 m² para las de 25 kg. En la mayoría de sistemas actuales, este espacio no se garantiza, lo que impide que los animales realicen conductas tan básicas como el baño de polvo, el aleteo o el descanso en perchas. La ausencia de enriquecimiento ambiental agrava el problema: sin objetos para explorar, materiales para hurgar o estructuras sobre las que posarse, los pavos desarrollan estrés crónico, trastornos locomotores y conductas agresivas entre sí, incluido el canibalismo.

«Lo que el informe de la EFSA llama 'enriquecimiento' —rampas, balas de paja, materiales forrajeables, baños de polvo— en realidad debería considerarse un requisito mínimo de alojamiento, no un lujo opcional. El propio panel científico de la EFSA lo reconoce así en su dictamen», señala Gascón.

Las condiciones en los criaderos también reciben una valoración de alto riesgo. Los pollitos recién nacidos son sometidos a privación prolongada de agua y alimento tras la eclosión, a niveles de ruido excesivos y a ciclos de luz inadecuados. Estas carencias producen trastornos umbilicales y problemas locomotores que los acompañan de por vida. Las temperaturas inadecuadas generan, por un lado, estrés por frío en los animales más jóvenes y, por otro, estrés por calor en los adultos, cuya masa corporal —artificialmente inflada por décadas de selección genética— dificulta la termorregulación.

Cortar, quemar, amputar

Uno de los aspectos más perturbadores del informe es la normalización de las mutilaciones. El recorte de pico, la amputación de dedos y el desnooding —la extirpación del apéndice carnoso que tienen en la frente— son prácticas rutinarias en la mayoría de granjas europeas. La EFSA concluye de forma inequívoca que estos procedimientos provocan dolor agudo y crónico, alteran comportamientos naturales, causan problemas de locomoción y dificultan la termorregulación de los animales.

Estas mutilaciones no se realizan por capricho: son la respuesta de la industria a las consecuencias inevitables del hacinamiento. Cuando se confina a miles de seres sintientes en espacios reducidos sin estimulación suficiente, el estrés y la agresividad aumentan de manera directamente proporcional a la densidad. En lugar de eliminar las causas del problema —el confinamiento extremo—, se eliminan las partes del cuerpo con las que los animales podrían hacerse daño entre sí. Es decir, se castiga al individuo por los fallos del sistema.

A esto se suma el impacto de la selección genética extrema. La raza de pavo blanco gigante, predominante en la industria europea, es el resultado de décadas de cruces dirigidos a maximizar la masa muscular de la pechuga. El resultado es un cuerpo tan desproporcionado que los machos son físicamente incapaces de reproducirse de manera natural. Las hembras son inseminadas artificialmente de forma sistemática, un procedimiento que implica manipulación física repetida y que la EFSA recomienda someter a estándares de manejo más rigurosos.

La EFSA pide cambios que la ley aún no exige

El dictamen de la EFSA incluye recomendaciones concretas dirigidas a productores, a la industria de la cría y a los mataderos: eliminar progresivamente las mutilaciones, garantizar que los pollitos reciban agua y alimento en las primeras 48 horas tras la eclosión, mejorar la ventilación y el tipo de cama para mantenerla seca y friable, instalar rampas, balas de paja, materiales de forrajeo y barreras visuales, optimizar los ciclos de luz y oscuridad, y aplicar protocolos estrictos de manejo durante la inseminación artificial, el aclareo y los procedimientos en criadero.

El problema de fondo es que ninguna de estas recomendaciones tiene carácter obligatorio. A día de hoy, no existe ninguna legislación europea específica para la protección de los pavos en granja. Solo les ampara la Directiva general 98/58/CE sobre animales de granja, una norma genérica que no contempla ningún requisito específico para esta especie. El propio informe subraya que fue solicitado por la Comisión Europea precisamente para servir de base a una posible futura legislación.

«Que en 2026 todavía no exista ninguna norma europea específica para los pavos, a pesar de que se crían 240 millones al año en la UE, es un escándalo político que no tiene ninguna justificación ética. Este informe de la EFSA debe traducirse en legislación vinculante con urgencia», añade Gascón.

a coalición europea Eurogroup for Animals, de la que AnimaNaturalis forma parte, también ha respondido con contundencia al dictamen. «Al integrar las recomendaciones de la EFSA en la ley, la UE puede reducir el sufrimiento de millones de pavos, estimular un giro hacia una producción más sostenible y humana, y evitar prácticas incompatibles con las expectativas de la ciudadanía europea y con la evidencia científica. Esta opinión histórica de la EFSA debe ser respondida con una acción legislativa igualmente ambiciosa», declara Marta Klimczak, responsable de animales de granja en Eurogroup for Animals. Para AnimaNaturalis, que trabaja codo con codo con esta red de más de 80 organizaciones presentes en toda Europa, la publicación del informe no es un punto de llegada sino el inicio de una batalla política que ya está en marcha.