Presentamos observaciones sobre el borrador de Estrategia Nacional de Gestión Cinegética

En el marco de la consulta pública sobre el borrador de Estrategia Nacional de Gestión Cinegética, hemos presentado al Gobierno de España una serie de observaciones y enmiendas a la misma.

28 enero 2022
Madrid,

Observaciones que presentamos desde la Fundación AnimaNaturalis Internacional en el marco de la consulta pública sobre el borrador de Estrategia Nacional de Gestión Cinegética

 

Observaciones generales

Los perros utilizados para la caza y los perros considerados domésticos pertenecen por igual a la especie canina y tienen la misma capacidad de sentir y por lo tanto de sufrir.

Es por ello, que en absoluto debería hacerse distinción alguna entre estos animales en función de su uso. Se trata del mismo animal que debería estar sujeto por lógica y justicia al mismo nivel de protección legal. 

 

Sobre los principios rectores   

La caza no protege la naturaleza.

La caza significa una destrucción del equilibrio natural del ecosistema. Esta puede llevar a diezmar o exterminar especies de animales. Los cazadores no son protectores de la naturaleza. Ellos cuidan en todo caso de los animales que les interesan, de los que obtienen un beneficio.

En el cantón suizo de Genf la población decidió en 1975 por referéndum la prohibición general de la caza de mamíferos y aves. En los años siguientes aumentó de manera espectacular el número de aves acuáticas que invernan a orillas del lago de Genf y del Rin. Antes del referéndum los representantes de los cazadores habían afirmado que sin la caza la liebre en el cantón de Genf estaría amenazada de extinción a causa de los animales depredadores. El caso fue el contrario. 

Los perjuicios a causa de la caza son enormes con motivo del desarrollo de la tecnología de armas: desde el siglo XVII son la caza y la destrucción de los espacios vitales naturales a causa del hombre los responsables del 57% de las aves extinguidas y del 62% de las especies de mamíferos extinguidos sin la caza. 

No es posible una compatibilidad de la caza con otros usos y aprovechamientos del medio.

Quienes salen al campo a hacer senderismo, montar en bicicleta, pasear a caballo, recoger setas o castañas o fotografiar fauna y flora a menudo coinciden con quienes practican la actividad cinegética.

Los espacios naturales deberían ser para el disfrute de los ciudadanos y ciudadanas, que deberían poder hacerlo sin temor a sufrir ningún accidente por parte de ningún cazador.

Hoy la presencia lúdica en el medio rural es enorme y el excursionismo y la práctica de BTT son fenómenos de masas y se confía toda la seguridad de los transeúntes a la destreza del cazador y la confianza de que sólo disparará a la pieza de caza cuando tenga un blanco claro y seguro.

Y claramente no se trata de una actividad segura. En numerosas ocasiones esta incompatibilidad de la caza con otros usos del medio ha acabado en tragedia. 

En enero de 2021, por ejemplo, un hombre murió en una zona boscosa de Santa Maria de Martorelles (Cataluña) al recibir el disparo de un cazador. El hombre se encontraba recogiendo piñas en una zona conocida con el nombre de Font Sunyera.

 

Sobre los objetivos estratégicos

No es necesario el control de predadores.

Nuevas investigaciones demuestran que los denominados animales predadores no son los responsables de la regulación, es decir del control numérico, de sus presas. Los animales rapaces apresan preferentemente sobre todo animales viejos, enfermos y débiles, devoran carroña y contribuyen así a una sana existencia de los animales silvestres. Un cazador que dispara a gran distancia sólo puede juzgar en el mínimo de los casos si un animal está enfermo o es viejo. Puesto que los cazadores, no obstante, buscan los animales majestuosos, es decir, los grandes trofeos, la caza practicada por los hombres conduce por el contrario en toda regla a una selección errónea antinatural. 

El lobo, el lince y el oso pardo están prácticamente extinguidos en Europa a causa de la caza, el águila está muy diezmada. Los animales especialmente criados para ello están desnaturalizados y son dados para su caza. 

Sobre la mejora de la imagen social de la caza. 

Los cazadores indican que la actividad cinegética en España viene siendo practicada desde tiempo inmemorial, viene manteniendo y transmitiendo costumbres y tradiciones que forman parte del patrimonio inmaterial cultural de nuestra sociedad.

Pues bien, por cultura se entiende «el conjunto de las manifestaciones espirituales y artísticas de un pueblo, así como «tipo refinado de vida, educación y formación». Matar animales no es cultura.

Que el hombre se arrogue el derecho de matar por diversión a seres vivos que sienten y que perciben el dolor igual que él, es algo absolutamente inaceptable desde el punto de vista moral.

En Europa el hombre no caza para asegurarse su alimento. Se trata única y exclusivamente de una ocupación de tiempo libre, de una diversión, del placer de matar.

 

Sobre las metas, medidas y objetivos

Sobre las poblaciones sobreabundantes.

Estudios de campo de ecólogos han dado por resultado que los animales disponen de un mecanismo interno de regulación de la población: la regulación de las existencias de animales de caza no tiene lugar a causa de la caza. Si hay amenaza de superpoblación, disminuye la cuota de nacimientos. También allí donde fue prohibida la caza en Europa, como p. ej. en los extensos parques nacionales italianos o en el cantón suizo de Genf, no ha podido ser constatada hasta ahora ninguna existencia desproporcionada de animales cinegéticos. En casi todos los otros países del mundo está prohibida la caza en las zonas de protección natural, sin que se haya desajustado hasta el presente en ellas el equilibrio natural.

Sobre la medida 2.4.4 (Recomendaciones generales en relación a los perros de caza ya las rehalas), y sobre la acción 2.4.4.1 (Reconocer la singularidad de los perros de caza y las rehalas).

Los perros utilizados para la caza y los perros considerados domésticos pertenecen ambos a la especie canina y tienen la misma capacidad de sufrimiento, así como la posibilidad de ser animales de compañía o domésticos.

No hay fundamentación científica, o de otro tipo, para establecer diferencias entre perros según su uso. Muchos perros que fueron utilizados para la caza se definirán en perros de compañía tras ser abandonados o cedidos por el cazador, sin que ninguna de sus características cambie, tratándose por tanto del mismo animal, y debiendo estar sujeto por lógica y justicia al mismo nivel de protección jurídica.

En la actualidad hay perros de razas habitualmente utilizados para la caza que nunca se han utilizado para cazar y desde su nacimiento son perros que viven en los hogares de sus dueños. Hablamos de nuevo del mismo animal que deberá poseer los mismos derechos.

Gestión ética/esterilización como alternativa.

Se ha comprobado que la caza masiva provoca una alteración del ecosistema y un incremento de la población de cerdos jabalíes. El método anticonceptivo resulta más económico que el sacrificio. La utilización de métodos éticos de control de poblaciones de animales es una obligación de las administraciones públicas.

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