Vacuna anticonceptiva que podría ser clave para estabilizar la población de jabalíes en Catalunya

La Universitat Autònoma de Barcelona investiga desde 2016 una vacuna que inhibe la reproducción de jabalíes en Catalunya, donde en 2023 se abatieron 70.000 individuos. ¿Puede una inyección administrada antes de la pubertad cambiar el rumbo de un conflicto creciente entre animales y ciudades?

02 marzo 2026
Barcelona, España.

Al caer la noche, algunos jabalíes descienden desde los márgenes forestales hacia contenedores rebosantes en municipios del área metropolitana de Barcelona. No son cifras abstractas: son individuos concretos que rebuscan alimento en barrios donde la expansión urbana ha transformado radicalmente sus hábitats. La escena se repite desde hace años y ha alimentado un debate que oscila entre el miedo, la gestión pública y la ética hacia los animales no humanos.

En 1996 se cazaron 5.000 jabalíes en Catalunya. El año pasado, la cifra ascendió a 70.000. Y, sin embargo, la población estimada ronda hoy los 125.000 individuos, según datos de la Generalitat. La presión cinegética se ha multiplicado mientras el número de animales sigue creciendo. El contraste es elocuente.

El equipo liderado por Manel López Béjar, director del proyecto y decano de la Facultad de Veterinaria de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), lleva una década investigando una alternativa: una vacuna contraceptiva que inhibe la reproducción. “Ya hace muchísimos años que la gestión se centra en la caza. Cada vez se matan más jabalíes y, paralelamente, la población sigue creciendo. Ya hemos visto suficientemente que la caza, por sí sola, no funciona”, afirma López Béjar.

El estudio comenzó en 2017 en los parques naturales de Collserola y Sant Llorenç del Munt i l’Obac, en municipios como Terrassa, Sant Cugat del Vallès, Matadepera y Vacarisses. Por primera vez se trabajó con animales en libertad: 219 individuos fueron capturados; 192 vacunados; se realizaron 154 recapturas para el seguimiento exhaustivo de 56 animales vacunados —34 hembras y 22 machos— y 18 animales de control que no recibieron la vacuna. La magnitud, subraya el equipo, es pionera a escala mundial.

La vacuna —Gonacon— actúa inyectando una hormona que controla la reproducción. El organismo responde generando anticuerpos que bloquean la función reproductiva. En hembras estudiadas, la eficacia ha sido total: dejan de ovular. En la mayoría de machos, la capacidad reproductiva disminuye durante meses o incluso de forma permanente si son muy jóvenes.

Más allá de la caza, el núcleo del problema

La cuestión no es únicamente cuantitativa. Es biológica y conductual. El jabalí presenta un éxito reproductivo del 98%: de cada 100 cópulas, 98 culminan en reproducción. En humanos, por comparación, el éxito es del 17%. Además, según explica Francesc Closa, veterinario clínico del proyecto, la presión de la caza ha generado respuestas adaptativas: las hembras tienen más crías por camada y la edad reproductiva se ha adelantado de los 11 a los 7 meses.

“A banda que hemos detectado que la especie crea estrategias para seguir aumentando la población a medida que aumenta la caza”, señala Closa. Es una dinámica conocida en biología poblacional: cuando la mortalidad aumenta, algunas especies compensan acelerando o intensificando su reproducción.

“Insistir en la matanza masiva como única herramienta no solo perpetúa el sufrimiento de miles de individuos, sino que además ha demostrado ser ineficaz para estabilizar la población”, expresa Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España. “Hablamos de seres sintientes con intereses propios. La gestión pública no puede reducirlos a cifras que se abaten cada temporada”, añade.

La investigación de la UAB apunta a un cambio de paradigma: si se vacuna a hembras antes de que sean fértiles —entre los 4 y 6 meses, en torno a la pubertad— la infertilidad puede ser casi permanente. En animales adultos, en cambio, se requiere revacunación al cabo de uno o dos años. El momento biológico es crucial.

Además de inhibir la reproducción, la vacuna modifica comportamientos. Los machos pierden libido y agresividad; se dispersan menos en busca de hembras en celo; disminuyen los desplazamientos y, con ello, la incidencia de accidentes y conflictos con humanos. “Modificaría el comportamiento de los animales porque al no tener hormona los machos no se dispersarán tanto para buscar hembras. Al no moverse tanto, hay menos incidencia en accidentes”, ha explicado López Béjar.

Gascón considera que este efecto colateral es central: “Reducir la reproducción sin recurrir a la matanza no solo salva vidas individuales; también reduce los conflictos que hoy se utilizan como argumento para justificar más violencia”, sostiene.

Una alternativa ética y viable

El proyecto dispone actualmente de 40 jaulas distribuidas en municipios del área metropolitana de Barcelona, donde la interacción entre jabalíes y personas es más frecuente. Los animales son capturados, sedados con dardos, vacunados y posteriormente liberados. Se recogen muestras de pelo para analizar la presencia de hormonas reproductivas y verificar la eficacia.

El equipo investiga ahora la administración oral: mezclar el fármaco con alimento para que los propios jabalíes lo ingieran, evitando la captura individual. López Béjar apunta que existen métodos ya utilizados en otros países, como comederos que solo pueden abrir estos animales.

La estrategia no se limita a la vacuna. Los investigadores insisten en que debe complementarse con restricciones al acceso a alimento y agua en entornos urbanos: evitar darles comida, no depositar residuos accesibles, impedir fuentes artificiales de alimentación energética que favorecen la reproducción y el crecimiento. “Troben aliment ric en energia que afavoreix la reproducció i el seu creixement”, advierte López Béjar.

El proyecto cuenta con el apoyo de la Diputación de Barcelona, la colaboración de ayuntamientos afectados y la coordinación del Grup d’Investigació sobre Infertilitat (GRI-BCN) de la UAB, además de la participación del National Wildlife Research Centre (NWRC) de Estados Unidos, el Animal and Plant Health Agency (APHA) de Gran Bretaña y The Botstiber Institute for Wildlife Fertility Control.

Sin embargo, según los investigadores, la vacuna no ha sido incorporada al plan de actuación de la Generalitat ni ha recibido apoyo económico autonómico. Para Gascón, este vacío institucional es preocupante: “Cuando existe evidencia científica sólida y una alternativa más ética, la inacción política se convierte en una forma de complicidad con el modelo fallido”, afirma. Y añade: “La gestión debe ser coordinada, basada en datos y centrada en minimizar el sufrimiento de cada individuo”.

La historia reciente ofrece una perspectiva reveladora. A principios del siglo XX, el jabalí estuvo cerca de la extinción en Catalunya. En los años 80 su presencia era todavía escasa. Décadas después, tras intensificar la persecución, la población no solo se ha recuperado, sino que ha crecido hasta convertirse en un desafío de convivencia.

La pregunta, entonces, no es si hay que actuar, sino cómo. La vacuna contraceptiva no es una solución mágica ni inmediata. Requiere planificación, inversión, seguimiento científico y coordinación institucional. Pero introduce un principio distinto: intervenir sobre la reproducción en lugar de multiplicar la matanza.

Actuar con ciencia y ética

La superpoblación de jabalíes en Catalunya no puede abordarse con respuestas simplistas. Las cifras —70.000 individuos abatidos en un año, 125.000 estimados en el territorio— evidencian que el modelo actual no estabiliza la población. La investigación de la UAB abre una vía que combina ciencia, prevención y reducción del conflicto sin recurrir de forma exclusiva a la muerte sistemática.

Como ciudadanía, podemos contribuir de forma inmediata: no alimentar a los jabalíes, asegurar los residuos, exigir a las administraciones planes coordinados y basados en evidencia científica. Como sociedad, debemos reclamar políticas que prioricen soluciones éticas y eficaces.

Desde AnimaNaturalis, hacemos un llamamiento claro: apoyar la investigación científica que reduzca la explotación y la matanza de animales, exigir transparencia en las políticas públicas y apostar por modelos de gestión que reconozcan a los animales como individuos sintientes.

Es momento de transformar el enfoque. De sustituir la inercia por la innovación. De elegir políticas que reduzcan el sufrimiento y construyan convivencia.

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