Ley de Cambio Climático elude el mayor problema que enfrenta el planeta

Los titulares de la prensa se han llenado con la noticia de la nueva estrategia del gobierno español para enfrentar la crisis del Calentamiento Global. Incluso hay quienes la han tildado de extrema, ya que propone una radical transición energética muy lejos de los combustibles fósiles y que todos los vehículos del país se impulsen por energías alternativas en las próximas décadas.

08 abril 2021
Madrid, España

Los titulares de la prensa se han llenado con la noticia de la nueva estrategia del gobierno español para enfrentar la crisis del Calentamiento Global. Incluso hay quienes la han tildado de extrema, ya que propone una radical transición energética muy lejos de los combustibles fósiles y que todos los vehículos del país se impulsen por energías alternativas en las próximas décadas.

Se trata de una ley muy poco ambiciosa, que proyecta la reducción de hasta un 37,5% de las emisiones de gases responsables del Efecto Invernadero para 2050. Eso es muy bajo en comparación al promedio europeo de compromiso de reducción del 55%, y el de Reino Unido, del 68%.

Sin embargo, nos alarma que ni una sola palabra se incluya acerca del consumo de carne y las granjas industriales como responsables de gran parte de los gases que producen el Efecto Invernadero. Al evitar mencionar la transformación de nuestras costumbres en alimentación como parte de la solución, se está negando la evidencia científica a la vez que sigue admitiendo los abusos ambientales de un sector industrial con mucha influencia política.

En su penúltimo informe el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) estableció que el sector agroalimentario en su conjunto es el responsable de entre el 21% y el 37% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Se estima que de estas entre un 8% -10% son atribuidas al desperdicio alimentario y un 14,5% a la ganadería.

Asimismo, los últimos datos de emisiones en España muestran que las emisiones globales están bajando, sin embargo las de la ganadería se han incrementado un 1,4% y ya suponen el 67% de las emisiones del sector agrícola. Por otro lado, aunque no se conocen las emisiones relativas al desperdicio alimentario en España, sí se sabe que estamos entre los 10 primeros países de la UE con mayor desperdicio alimentario.

En este sentido, las recomendaciones internacionales nos urgen a que se adopte una “dieta de salud planetaria” donde predominan los alimentos de origen vegetal y que de forma opcional y modesta se pueden integrar alimentos de origen animal. En particular menciona que el consumo de carne debe ser de unos 300 gramos/semana/persona como máximo e insiste que los alimentos de esta dieta deben de venir de “sistemas alimentarios sostenibles”.

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Creemos firmemente que soslayar el mercado de la carne en esta ley, es inadmisible. ¿Qué elementos hubiéramos incluído? Al menos los que aquí detallaremos:

Fin de las granjas industriales

Canadá prohibió la construcción de cualquier nueva granja industrial hasta que exista suficiente información científica que deje de relacionarla con el Calentamiento Global. En Estados Unidos se presentó un proyecto en el Congreso para limitar la cantidad de individuos en las explotaciones ganaderas, para poner fin a las granjas industriales en los hechos. Legislaciones similares se han aplicado o se están discutiendo en otros países desarrollados, pero no en España.

Es preocupante que este tema no se toca siquiera en la nueva ley presentada. Sólo se roza con pulso tembloroso algunos detalles, como proteger el futuro de la agricultura frente a los estragos del cambio climático o estudiar más a fondo los sistemas de producción. En otras palabras, se posterga un debate necesario y urgente frente a un sector muy poderoso económicamente.

Una granja industrial es una fábrica de carne, leche o huevos. Donde los animales son tratados como máquinas de producción, la acumulación de desechos se concentra, las aguas se contaminan, las poblaciones rurales se deterioran y el medio ambiente sufre profundamente. No sólo en España no se pone límite a este tipo de instalaciones, sino que podemos decir que se promueve. No es raro que se permita sin problemas una granja lechera de 23 mil vacas en Noviercas (Soria), la más grande de Europa y una de las tres más grandes del mundo.

En las últimas décadas, el número de granjas en España ha disminuido, pero han aumentado su producción y tamaño hasta en un 24%, desde 2016. Eso quiere decir que el modelo de las macrogranja está muy enquistado en el país. Sin embargo, algunos esfuerzos locales han avanzado en este tema. A principios de 2021, el gobierno de Aragón prohibió la instalación de una nueva granja industrial en Torralba, que albergaría a más de 20 mil terneros. Se propuso un cambio de la ley para limitar a poco más de 4 mil individuos las granjas de explotación ganadera. Creemos que este mismo paso debió ser incluido en la nueva Ley de Cambio Climático. Como mínimo.

Gravar la carne

Los gobiernos deben utilizar todas las herramientas a su disposición para desalentar aquellos hábitos de la sociedad que son dañinos para la población y el planeta. Gravar con impuestos especiales el consumo de productos de origen animal es una manera de recuperar parte del dinero invertido en las subvenciones a la producción, controlar el volumen de consumo y quizás, redirigir recursos a campañas de educación para una alimentación más responsable, saludable y ética.

La recomendación oficial de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) es consumir como máximo 125 gramos por persona semanales de carne roja y procesada, y 325 gramos por persona semanales de carne blanca, "mientras que los españoles consumen 1.995 gramos semanales", según el informe. El análisis afirma que los hombres en España ingieren 525 gramos de carne roja a la semana, y las mujeres 302 gramos.

El estudio resalta especialmente que la población infantil española come entre 3,5 y 4 veces más carne que el máximo recomendado, 3,5 veces más carne roja y entre el doble y el triple de procesada, sobre todo embutidos, cuando la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria recomienda que los niños coman sólo entre 5 y 8 porciones de carne a la semana.

España es el país europeo que consume más carne per cápita y uno de los mayores productores. Incluir un impuesto al consumo de carne, leche y huevos sería un paso valiente y responsable. Se viene escuchando esta propuesta desde hace años, y países como Alemania han propuesto desde 2017 subir los impuestos a estos productos de origen animal del 9% al 19%. Esos son ejemplos a seguir.

Promover proteínas alternativas

La razón por la que existen subvenciones al sector agrícola y ganadero, es simplemente porque se reconoce como una industria sensible para la autonomía y seguridad del país. Son medidas tomadas desde las guerras mundiales, donde toda Europa sufrió los estragos de ver disminuida su capacidad productiva de alimentos. Hasta ahí ningún problema. Sin embargo, hasta el día de hoy se dirigen esas ayudas a las producciones tradicionales, dejando fuera toda nueva fuente de proteína, como las que hemos visto expandirse en los últimos años en el mercado. Más sostenibles, saludables y éticas, las proteínas de origen vegetal debieran ser apoyadas de manera especial como una estrategia contra el Calentamiento Global.

La manera tradicional de subvencionar las ganaderías es proteger las tierras dedicadas a ese tipo de industria, no la cantidad de producto que se entrega a la sociedad. Por supuesto que entendemos las razones estratégicas para esto, pero se debiera encontrar un mecanismo especial para promover y alentar la producción de alternativas basadas en plantas si se quiere ser fiel a la idea de alimentar a la sociedad de manera sana, segura y sin dañar al medio ambiente.

Además de redirigir dinero público, creemos que debería incluirse en la ley el compromiso de que todas las instituciones dependientes del Estado redujeran de manera radical el consumo de productos de origen animal. Estamos hablando de escuelas, hospitales, ministerios, parlamentos, ayuntamientos, etc. Si las autoridades y empleados públicos no están dispuestos a ser el ejemplo que la sociedad debe seguir, no avanzaremos con la velocidad que se necesita.

El Lunes Sin Carne o Meatless Monday se instauró en Estados Unidos como una manera de enfrentar las crisis de alimentos durante la I Guerra Mundial. Casi doscientos millones de personas dejaron de consumir carne para enfrentar un problema que afectaba a toda la sociedad. ¿Acaso el Calentamiento Global no es una crisis similar?

Hace pocas semanas, la ciudad de Lyon (Francia) decidió ofrecer comida sin carne a todas las escuelas dependientes del ayuntamiento. Por supuesto, esta decisión recibió ataques por parte del gobierno francés, que probablemente igual que el de España, teme mucho a la industria ganadera.

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